Café de Tercera Alternativa

Físicas Espirituales -- un artículo mensual

Adicto a la guerra, Adicto a la Paz

Yo amé la guerra de Vietnam. La mayoría de la gente piensa que allí todas las personas o se estaban muriendo o se morían por irse de allí. Yo no. De hecho luego de haber sido herido por segunda vez, me ofrecí para regresar. ¿Por qué?

Porque era adicto a ella--adicto al miedo, al choque de adrenalina, a la vida constantemente al límite. Supongo que podría decir que era uno de los muchachos mas corajudos que conocía. Allí estaba yo, 19 años, un adolescente aún. Era un veterano de combate, cargaba una M-16 y todas las municiones que podría haber deseado.

Luego de haber sido herido la segunda vez me encontré fuera de acción en Vietnam. Pero el gobierno americano había conseguido entrenarme para ser violento y luego de retornar a los EE.UU. me convertí en mercenario en Centroamérica. Un mercenario es un individuo que mata gente por dinero--normalmente mucho dinero. Podía matar una persona fríamente y considerarlo simplemente una paga más. Ganaba diez mil dólares al mes y ya no me quedaba ninguna consciencia, pero mucho dinero.

Luego de aburrirme de esto retorné a los EE.UU. y procedí a derrochar mi dinero en mujeres, alcohol y drogas. Tomaba mucho, peleaba y pasé un tiempo en prisión debido a esas peleas.

Me casé y mi mujer Kathy y yo nos mudamos a Aurora, Colorado. Teníamos dos hijas cuya niñera era Marg Troyer. Ella nos invitó a Peace Mennonite Community Church (Iglesia Menonita Comunidad de Paz). Kathy quería ir. Yo dije que no, de ningún modo. Mi idea de los menonitas consistía de "ropas conservadoras y carros tirados por caballos," y también sabía que eran pacifistas y objetores de consciencia. Eso no me gustaba nada. Yo, ¿ir a una iglesia menonita? No, no..

La verdad sea dicha, yo no estaba satisfecho con mi vida. Leyendo diferentes libros cristianos y la Biblia, me pareció que la palabra amor aparecía mucho. Eso me gustaba, pero necesité que mi hija de 4 años me demostrara lo que es el amor incondicional. Una noche cuando notó que estaba enojado, ella dijo, "No importa Papá, yo te amo." Nada le importaba a Rebecca excepto que yo estaba enojado, y me di cuenta que eso era lo que Cristo había hecho por mi. No importaba lo que yo había hecho en el pasado. Todo el matar, las drogas, las mujeres y el alcohol-- no importaban. Dios me ofreció amor incondicional.

Así que comencé a ir a la iglesia. Al estudiar y procesar lo que oía en la iglesia concluí que debía ser cristiano. También me di cuenta que si una persona acepta a Cristo y sus enseñanzas, ya no le queda otra manera de hacer las cosas sino la manera en que Cristo las hizo-- con amor, compasión y pacíficamente. Para mí eso fue un cambio drástico.

Kathy y yo fuimos bautizados en la Iglesia Menonita Comunidad de Paz el 18 de diciembre 1988. Esa mañana tomé para mí el versículo de II Corintios 5:17 dónde dice que cuando te conviertes eres una nueva creación. Tuve que cambiar mi violencia por pacifismo. Me deshice del cajón que contenía mis objetos de la guerra. Desarmé mi calibre .45 parte por parte y las tiré. No quería volver a hacer daño a nadie.

Varios meses luego de ser bautizado, tuve una confrontación con un tipo que me dijo varias cosas bastante feas. Luego me pegó en la cara y me partió el labio. Me di vuelta y me fui. Darle la espalda a la violencia e irme fue una de las cosas más difíciles que jamás haya hecho, mas difícil que estar rodeado de la violencia en Vietnam.

Algunos piensan que la no-violencia y el pacifismo son el camino fácil--que son el camino de los cobardes. Creen que los héroes son aquellos que están dispuestos a matarse mutuamente y morir por aquello en lo que creen. Yo estoy de acuerdo, es necesario mucho coraje para ser un buen soldado.

Pero hay algo que requiere aún más coraje, y es estar dispuesto a morir por lo que crees sin levantar siquiera una mano en defensa propia. Creo que requiere más coraje seguir a Jesús y su camino de paz que "pelear por la paz" de la manera que lo hacen nuestros gobiernos.

Yo era un tipo duro en Vietnam--el mejor. Pero ser un menonita cristiano va a requerir más valentía de la que jamás necesité allá. Lo amo! Soy adicto [de la paz].

Extracto de la historia contada por Mike Waddell en la revista With , reimpreso en Mennonite Weekly Review, Junio 27, 1991. Usado con autorización.


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