Café de Tercera Alternativa

Físicas Espirituales -- un artículo mensual

El costo de la consciencia

Richard Ross fue pastor de la iglesia menonita de Smithville, Ohio. Aquí está su historia.

En 1941, cuando los EE.UU. entraron en la Segunda Guerra Mundial yo estaba trabajando de maquinista en la Corporación Westinghouse en Lima, Ohio ganando $120 a $130 por semana.

Aún no me había dado cuenta de que Westinghouse se estaba preparando para producir materiales para la guerra, y los rumores sobre la guerra no se podían tomar en serio. Pero, el ejercito estaba ya reclutando masivamente y los que éramos objetores de consciencia estabamos buscando posibilidades de servicio alternativo.

Había aproximadamente doce menonitas trabajando en Westinghouse cuando Pearl Harbor fue bombardeada. Yo estaba usando un torno cuando otro empleado regresó de su descanso y me informó del bombardeo. Estábamos todos sorprendidos y el trabajo cesó pues nos reunimos en pequeños grupos a hablar de esta nueva amenaza.

A aquellos de nosotros que éramos objetores de consciencia la noticia nos causó aun más alarma cuando comenzamos a pensar en lo que esto podría significar para nosotros si Westinghouse comenzara a producir materiales para la guerra. Estaba muy seguro de lo que iba a hacer. Con la conciencia tranquila yo no podía ayudar en la producción de material alguno que pudiese herir o matar. Sabía que estaría preparado para hacer todo el sacrificio que fuese necesario para proteger las convicciones que tenía respecto a la guerra.

Al poco tiempo me di cuenta que los soportes de acero que estaba produciendo eran partes para motores controlados electrónicamente que iban a ser usados para hacer girar las ametralladoras en bombarderos. Aproximadamente al mismo tiempo se me pidió que comenzara a trabajar los domingos, a lo cuál me negué, también por una cuestión de consciencia.

Dos semanas después del nacimiento de nuestro primer hijo, renuncié a mi trabajo. Fuí el primer objetor de consciencia que hizo esto en Westinghouse en Lima. Mi tarjeta de renuncia que fue entregada a la oficina por una sobrina mía que no era menonita decía, "emplear nuevamente cuando sea".

Dejé Westinghouse y tomé un trabajo en una compañía que se dedicaba a reparar carburadores, ganaba 15 dólares por semana. Seis semanas más tarde logré conseguir trabajo como mecánico de automóviles y comencé a recibir 30 dólares por semana de paga, luego solamente recibí pequeños aumentos por el resto de la guerra.

Nunca lamenté haber hecho lo que mi consciencia me dictaba. Creo que la fidelidad a Dios en este particular preparó el fundamento para la obediencia al llamado de Dios al ministerio que llegó años más tarde.

Adaptado y usado con autorización de Seeking Peace, True Stories (Buscando Paz, Historias verdaderas) de Titus Peachy y Linda Gehman Peachy. © Good Books (800/ 762-7171).


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