Café de Tercera Alternativa

Físicas Espirituales -- un artículo mensual

El don del perdón

Tres días después de que los comunistas tomaron el poder en 1975, Huro, un colaborador japonés y yo salimos en nuestras bicicletas. Anh My del centro de rehabilitación de los cuáqueros nos acompañó.

Atravesamos el pueblo de My Lai. Siete años atrás tropas de EE.UU. habían llegado a este pueblo en helicóptero llenos de furia y temor, y quemaron casas y abrieron fuego contra familias. Finalizando la mañana 502 hombres, mujeres y niños yacían muertos.

Pasando My Lai, llegamos a un canal ancho. El dique que se extendía a lo ancho del canal había sido bombardeado hace mucho tiempo. Tendríamos que buscar un bote. Un pescador lugareño apareció, pero cuando nos vio gritó alarmado: "¡Americano! ¡Agárrenlo, rápido!"

Anh My se le acercó rápidamente. "Señor, señor", le imploraba, "estos americanos son diferentes. Ellos no están aquí para pelear en la guerra. Ellos son amigos de los vietnamitas."

"Pero mira lo que hicieron a nuestro pueblo," replicó el dueño del bote señalando hacia My Lai. "Ellos no solo quemaron nuestras casas y mataron a nuestra gente, hasta han empujado nuestros cementerios con topadoras al mar. Agárrenlos, les digo."

Anh My continuó explicando el trabajo del Comité Central Menonita, que les ayudaba a los granjeros a tratar con las minas que no llegaron a explotar y proveían de asistencia a los granjeros desplazados por el conflicto. Hiro y yo tratamos de parecer lo mas amables e inofensivos que nos era posible.

Finalmente el hombre se rascó la cabeza y dijo, "Es difícil de creer, pero si estos son realmente quienes tu dices que son, entonces los acepto como amigos. Y los llevaré al otro lado del canal en mi bote."

La habilidad de muchos Vietnamitas, de dejar a un lado el pasado asombra a muchos que visitan Vietnam. Numerosos veteranos americanos han retornado para descubrir la hospitalidad de la gente. Uno de ellos, que ha regresado tres veces, me dijo recientemente: "Estoy tratando de encontrar una manera de poder vivir en Vietnam."

Bastantes grupos sospechaban mucho los unos de los otros durante la guerra. Mucho de esto aún se está sanando. Pero esta habilidad del pueblo vietnamita, de enojarse, pasar por las tristezas y luego seguir su camino sin resentimientos es uno de sus dones más profundos.

Algunas de las imágenes que recuerdo de uno de mis viajes hace algunos años aún me conmueven. El Sr. Sung, un artista amigo mío, me llevó al patio en el techo de su casa, subiendo por una escalera de bambú y a través de ramas de bougainvilea. Allí, por una hora cada día el mira mas allá de los campos de arroz y las montañas y contempla la sanidad para su tierra.

En el mismo poblado pequeño escuché predicar al venerable pastor Vong un domingo de ramos. 150 campesinos estaban en la capilla. "¿Como dice nuestro Salvador en la cruz que debemos responder a nuestros enemigos?" le preguntó a la congregación.

"Enemigos." Era una palabra que tenía mucho poder para personas que habían vivido bajo el bombardeo, cuyas familias estaban divididas en lados opuestos de la guerra y que habían visto a hijos y padres ser enviados lejos para pasar años haciendo trabajos forzados que eran llamados "reeducación".

Ed pastor Vong repitió su pregunta, esperando que nosotros lucháramos con esto. Luego dijo: "Jesús dice de sus enemigos, ´Padre perdónales. Padre Perdónales.´"

Doy gracias a Dios por el pueblo de Vietnam.

Earl Martin, de momento carpintero en Harrisonburg, Virginia, sirvió con MCC en Vietnam desde 1966 a 1969 y desde 1973 hasta 1975.


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